
En el corazón de Shangri-La Paris, Bar Botaniste propone una manera particular de acercarse a la coctelería. El espacio toma inspiración de la historia del antiguo palacio y, especialmente, de la afición por la botánica de su antiguo propietario, el príncipe Roland Bonaparte. Su colección de plantas y su interés por el mundo natural dejaron una huella que hoy reaparece, de manera más líquida, detrás de la barra.
Por Alexis Beard
La idea de un jardín está presente sin convertirse en escenografía. Aparece en los aromas, en las especias, en las hierbas y en las frutas que dan forma a las bebidas. La carta se mueve entre distintos paisajes y tradiciones, con una curiosidad que permite que cada combinación tenga su propio carácter.
El jardín dentro de la copa
La botánica aquí funciona como una herramienta para construir sabor. Infusiones, jarabes, compotas y otros procesos permiten extraer diferentes matices de los ingredientes, desde una nota floral hasta una sensación especiada o vegetal.

Entre las creaciones se encuentra Los Chicos Malos, donde el mezcal se encuentra con granada, flor de azahar y limón. El agave aporta profundidad y humo, mientras los elementos frutales y florales llevan la bebida hacia un registro más luminoso.
Secret Pavilion parte de ginebra infusionada con chile, Aperol, durazno y limón. Hay amargor, picor, fruta y acidez en una composición que cambia de registro a medida que se bebe.
Frutas, especias y destilados
La carta también encuentra inspiración en ingredientes menos habituales dentro de la coctelería clásica. Banana’s Leg combina ron, jerez Manzanilla, banana y soda de piña. La fruta adquiere una dimensión distinta junto al carácter seco y salino del jerez.

En Hornets Treat, tequila, Benedictine, pimienta blanca de Malabar y un jarabe de vino blanco y miel construyen una bebida de perfil especiado y aromático. La pimienta aporta una presencia particular, mientras el Benedictine suma profundidad herbal.
Hay también una mirada hacia Asia en Lost in Translation, que reúne ron de coco y pandan con vainilla y aceite de oliva. El resultado se aleja de la idea convencional de un cóctel tropical y encuentra su interés en el contraste entre notas dulces, verdes y una textura más untuosa.
Una coctelería de contrastes
Algunas de las combinaciones más interesantes de Botaniste surgen precisamente de enfrentar elementos que parecen pertenecer a mundos distintos. Sunday Hunter mezcla whisky Johnnie Walker Double Black, grasa de pato y soda de membrillo. El whisky aporta humo y estructura, mientras el membrillo introduce una dimensión frutal y refrescante.

Beshkan lleva pisco rosado hacia otro territorio con orgeat de pistache y jarabe de sumac. El pistache aporta una nota cremosa y ligeramente tostada, mientras el sumac introduce acidez y un matiz especiado.
En Insomnia, vodka, champaña, salvia y maracuyá forman una combinación más aérea, donde las notas herbales y tropicales encuentran un contrapunto en las burbujas.
El espíritu de la barra
Más que seguir una única línea de sabor, Bar Botaniste parece interesado en la posibilidad de descubrir qué ocurre cuando ingredientes de procedencias distintas se encuentran en una misma copa. El mezcal puede convivir con flores; el tequila, con pimienta; el whisky, con grasa de pato; el pandan, con aceite de oliva.
Esa curiosidad también permite que la propuesta dialogue con la historia del lugar. El antiguo palacio fue concebido alrededor de una personalidad profundamente vinculada al mundo natural, y la barra recupera esa fascinación desde una perspectiva contemporánea.
En Botaniste, las plantas dejan de ser un elemento secundario. Son parte de la arquitectura del sabor. Cada hoja, flor, especia o fruta aporta una pista sobre el camino que sigue la bebida, y convierte la visita en una pequeña exploración botánica detrás de la barra.
