
El Caribe mexicano tiene una manera particular de despertar los sentidos. En Costa Mujeres, frente a Isla Mujeres, el azul del mar marca el ritmo de los días y la vegetación tropical envuelve los espacios con una naturalidad exuberante. En The St. Regis Costa Mujeres Resort, esta atmósfera encuentra otra forma de expresión: la cultura mexicana aparece en los sabores, en los destilados, en los rituales y en una coctelería que convierte cada copa en una pequeña historia.
Por Alexis Beard
Mi recorrido comienza en St. Regis Bar, donde la experiencia adquiere una dimensión profundamente mexicana a través del Agave Library, un espacio dedicado a explorar la riqueza de los destilados de agave. Aquí, la coctelería se transforma en una manera de acercarse al territorio. Durante el tasting probamos diferentes destilados de agave, descubriendo sus aromas, texturas y personalidades. Cada uno habla de una región, de una tradición y de una forma particular de entender esta planta que ocupa un lugar esencial dentro de la identidad gastronómica de México.


El Agave Library: México servido en una copa
La experiencia tiene algo de ceremonia. Observar las distintas botellas, conocer sus particularidades y llevar cada destilado al paladar permite comprender que detrás de una copa de tequila o mezcal existe una cultura profunda. El agave deja de ser simplemente un ingrediente para convertirse en protagonista. La inspiración mexicana también aparece en la manera de construir los cócteles. Ingredientes, aromas y técnicas encuentran un lenguaje contemporáneo, creando bebidas que conservan una conexión evidente con el país mientras adquieren una expresión sofisticada.
Después del tasting, el St. Regis Bar invita a prolongar la experiencia. La luz cambia conforme avanza la tarde y una copa se convierte en el pretexto perfecto para quedarse un poco más. La presencia del sommelier Pablo Gutierrez Lezama aporta otra dimensión a este recorrido líquido. Durante la cata de vinos mexicanos, descubrimos distintas regiones y variedades, recorriendo a través de las copas una geografía vitivinícola que sigue construyendo su propia personalidad. Me gusta esa manera de acercarse a México desde la bebida: primero el agave, después el vino, siempre desde la curiosidad y desde el placer. Cada copa abre una conversación distinta sobre el territorio.

La mesa también cuenta historias
La gastronomía continúa este diálogo con México y con el Caribe. Costa Coral y Fish Market ofrecen diferentes interpretaciones de los sabores del mar, con una propuesta que encuentra su fuerza en el producto y en la frescura. El paisaje termina formando parte de la experiencia. La playa frente al hotel se extiende hacia Isla Mujeres, con arena blanca y aguas turquesas que invitan a caminar descalza, mientras el horizonte acompaña cada comida.
El Sabrage añade una dosis de teatralidad a la experiencia gastronómica. El ritual de abrir la botella convierte la mesa en un momento de celebración y hace que una cena adquiera ese carácter especial que permanece en la memoria. La coctelería encuentra aquí un escenario perfecto. Una bebida preparada al caer la tarde, cuando el cielo comienza a teñirse de tonos dorados, adquiere otra sensualidad. El sabor del agave, el aroma de los ingredientes y la brisa marina se mezclan en una experiencia profundamente ligada al destino.

El Caribe como escenario
La ubicación de The St. Regis Costa Mujeres permite disfrutar de una playa libre de sargazo durante mi estancia, con el mar extendiéndose hacia Isla Mujeres como un paisaje permanente. Es precisamente esta conexión entre bebida y territorio la que convierte al Agave Library en uno de los momentos que más recuerdo de la estancia. La copa deja de ser simplemente una bebida y se convierte en una forma de viajar por México.
En The St. Regis Costa Mujeres, la cultura mexicana se descubre de muchas maneras. Está en los destilados del Agave Library, en la conversación alrededor de una copa de vino, en los sabores del mar, en el ritual del Sabrage y en los tratamientos inspirados en la tradición maya. Todo parece regresar a la misma idea: el placer de descubrir un destino a través de los sentidos.

Entre agaves, vinos, mar y memoria maya, la estancia adquiere su propio ritmo. Una copa puede convertirse en una conversación sobre México; un cóctel, en una interpretación del territorio; un ritual de spa, en una pausa para reconectar con el cuerpo.