
Café Plaza, cocina poblana e ingredientes de Atlixco se encuentran en una hacienda histórica donde la gastronomía forma parte esencial de la experiencia
Una taza de café puede decir mucho sobre un lugar. En Hacienda Santo Cristo, en Atlixco, el día comienza alrededor de Café Plaza, un café propio que forma parte de la experiencia gastronómica de la hacienda y que se convierte en el punto de partida para descubrir una cocina profundamente vinculada con Puebla.
Por Melanie Beard
Su aroma acompaña las primeras horas de la mañana y conduce naturalmente hacia una propuesta gastronómica que tiene como protagonista al producto regional. Aquí, el café no es solamente una bebida para despertar: forma parte de ese ritual de sentarse a la mesa, conversar y disfrutar el entorno de una antigua hacienda poblana.

Una cocina que mira hacia Atlixco
Al frente de la cocina se encuentra el chef Cristofher Mendoza Gamez, quien suma 20 años de experiencia en el ámbito gastronómico y ha encontrado en Hacienda Santo Cristo un espacio para recuperar ingredientes y sabores propios de la región de Atlixco. Su trayectoria combina diferentes facetas de la gastronomía. Ha trabajado como chef pastelero, asesor gastronómico y chef corporativo de hoteles boutique, además de haber pasado por cocinas de gran reconocimiento en México y España.



Durante tres meses participó como cocinero invitado en Pujol, en Polanco, junto al chef Enrique Olvera, una experiencia que le permitió acercarse a una de las interpretaciones más influyentes de la cocina mexicana contemporánea. Posteriormente viajó a España, donde permaneció seis meses como cocinero en el restaurante de Martin Berasategui, en Alicante.
A su regreso a México formó parte del menú degustación de Villa Ferre, en Saltillo, Coahuila, junto al chef Juan Ramón Cárdenas. Después retomó diferentes posiciones como chef ejecutivo en restaurantes poblanos, fortaleciendo su relación con los ingredientes y sabores de su tierra. Su formación también incluye diversos diplomados en repostería y cocina molecular. Entre sus reconocimientos destaca el primer lugar obtenido en el concurso de la Trucha Asalmonda Puebla.
El sabor de una región
En su cocina, Mendoza Gamez parte de una idea sencilla pero poderosa: mirar primero hacia el territorio. Los ingredientes de Atlixco y de Puebla adquieren protagonismo dentro de una propuesta que busca rescatar productos y preparaciones regionales y llevarlos a una mesa contemporánea.

Esa conexión comienza desde el desayuno, acompañado por una taza de Café Plaza, y continúa durante el resto de la experiencia. El café establece un vínculo con la tierra y con la tradición de sentarse alrededor de una mesa, mientras que la cocina amplía esa conversación a través de los productos locales. Es una manera de entender la gastronomía que resulta especialmente apropiada para una hacienda. En lugar de separar cocina y destino, ambas forman parte de una misma experiencia. Lo que se come tiene relación con el lugar, con su historia y con la identidad de la región.
Comer dentro de la historia
Parte del encanto de Hacienda Santo Cristo está precisamente en que la gastronomía no ocurre en un espacio aislado. La arquitectura histórica, los jardines y la atmósfera de la hacienda crean un escenario que cambia la manera de acercarse a la mesa. Una comida aquí puede comenzar con un café y terminar mucho después de haber probado el último plato. La sobremesa adquiere otra dimensión cuando no existe la prisa característica de una ciudad y cuando el entorno invita a permanecer.

En ese sentido, Café Plaza funciona como un pequeño ritual dentro de la experiencia: puede acompañar el despertar, una conversación tranquila o el cierre de una comida. Su presencia ayuda a construir una narrativa gastronómica que comienza con algo cotidiano y termina revelando una relación mucho más profunda con Puebla. La gastronomía de una propiedad histórica puede convertirse en una forma de contar el territorio. En Atlixco, esa historia comienza con el aroma de una taza de Café Plaza, continúa en la cocina de Cristofher Mendoza Gamez y termina, inevitablemente, alrededor de una mesa donde Puebla se convierte en sabor.